UA-56715467-1

miércoles, 20 de septiembre de 2017

El selfie más famoso de la historia

Sin quitarle protagonismo a Ellen DeGeneres, de cuyo selfe se hablaba aquí.
Una de las primeras entradas de este blog hacía referencia al famoso caso del macaco que se había hecho un selfie que dio lugar a que se abriera un pequeño debate sobre a quién correspondía la autoría del mismo y quien podía ser titular de los derechos que se generaban.

Los detalles del caso se explican en esa entrada y en ella también se hace referencia a que “Nuestra ley 1/1996 hace también referencia, en su artículo 5.1, a que los derechos de autor no podrán pertenecer a una persona distinta a una persona física, excluyendo así a las personas jurídicas salvo en casos puntuales.”
El debate que se generó hacía referencia, en definitiva, a quién debía ser propietario de los derechos generados, si el macaco por haber hecho la foto o el fotógrafo que puso a su disposición el material para que la hiciera.

Tres años han pasado desde que la historia saltara a los medios y ahora, por fin, se ha resuelto el caso. De entre todos los titulares que han salido sobre el tema me quedo con Mono pierde litigio por autoría de "selfie" por lo absurdo que suena (sin ofender).
La principal controversia no era tanto entre el fotógrafo, David Slater, y el mono por determinar a quién correspondían los derechos sobre la foto, sino entre los terceros que intervenieron en el caso; entre ellos, PETA (People for the Ethical Treatment of Animals, gente por el trato ético a los animales) o Wikipedia, la enciclopedia libre que utilizó la imagen para ilustrar en la web ese tipo de macaco aprovechando la tesitura de que los derechos no se habían podido asignar a nadie al estar incursos en litigio.

Lo que finalmente ha ocurrido es que los derechos de autor se han asignado al fotógrafo (no voy a decir “normal”, porque creo que era evidente), pero a lo que ha dado lugar el caso y a lo que podría dar lugar podría hacer que esta no sea la última vez que oigamos hablar de él.
Por un lado, considero que el acuerdo al que se ha llegado Slater con PETA es voluntario, pues no encuentro base legal alguna (y esto es mi punto de vista), para que se haya llegado a un acuerdo en los términos aen base a los que se ha llegado para que el fotógrafo deba dar nada a PETA. No tengo nada en contra de PETA pero los derechos de autor se generan al crear la obra sin que haya necesidad de que lo declare un juez, que en este caso lo ha hecho. Es un gesto desinteresado, pero creo que ha sido más por voluntad propia del autor que por presión de la Asociación.

Por otra parte, Slater desde un principio hizo referencia a que el uso de la foto por terceros que no contaban con su consentimiento (Wikipedia, por ejemplo), le daría la legitimación necesaria para actuar frente a ellos si así lo creía conveniente, fundamentalmente por haber hecho perder ventas a su publicación en exclusiva, por lo que no me parecería raro que se llevaran a cabo esas acciones y que los infractores tuvieran que hacer frente a lo que se les pida, no sólo por haber llevado a cabo el ilícito como tal sino porque fueron debidamente advertidos en el debido momento de que lo que hacían infringía los derechos del ahora declarado titular.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Versión y parodia musicales

En una entrada anterior en este blog, se hablaba de la parodia en el ámbito audiovisual (parodia), y esta misma figura se contempla para el ámbito musical, en este campo hay que hablar también de las versiones de las canciones que ya han sido divulgadas por parte de su autor original. En el supuesto de hacer una versión de una canción será necesario abonar los royalties o derechos de autor sobre las partes que no se hayan modificado, es decir las que permanezcan igual a la canción original.

Pero lo habitual al hacer una versión es modificar la música, en la parte no esencial de la canción es decir, los arreglos que hacen que la canción pueda considerarse, en esencia, una obra distinta de la original. Se crea entonces lo que se considera, según el TRLPI, una obra derivada, es decir una obra nueva generadora de derechos, debiendo del mismo modo, hacer frente a las obligaciones surgidas de realizar la versión como tal: derechos sobre la letra que se reproduce y demás partes de la obra que no se consideren nuevas.

Caso aparte son las parodias que, en este caso, consisten fundamentalmente en poner una letra distinta (por lo general cómica, como en las películas consideradas también parodia) a una melodía creada originalmente por un autor o estudio en su caso.
Quizás el caso más paradigmático es el de las versiones que, en los años 80 (en adelante), hacía el cómico estadounidense Weird Al Yankovic, y el caso más cercano en tiempo y espacio son las versiones que prácticamente cualquier programa de actualidad en televisión hacen de canciones muy famosas hablando de temas muy actuales, por ejemplo, Los Morancos y su versión de “Despacito” de Luis Fonsi, hablando de la corrupción política.


En definitiva el que la canción sea nueva en comparación con la original no la eximirí automáticamente del pago de los royalties pues habría que tener en cuenta la canción original como una conjunción de diversas partes generadas por diversos autores y no como un todo. También resulta interesante tener en cuenta o que comentamos acerca de que este tipo de obras, por ser derivadas, al mismo tiempo que deben pagar derechos sobre la parte no original que corresponde a su autor, también generan sus propios derechos si son reproducidas por terceros puesto que se trata de añadidos o sustituciones que conllevan el esfuerzo de la persona que las ha realizado.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Promoción de las D.O.´s de Galicia

La figura de la Denominación de Origen se aproxima mucho a la de la marca, por reconocer la procedencia, no empresarial sino geográfica (lo cual está prohibido para las marcas si éstas se componen en exclusiva de tal denominación: artículo 5.1 g) de la Ley de Marcas) del producto en cuestión, lo cual lo convierte en indicativo de una determinada calidad precisamente por tener ese origen. La denominación de origen, es el nombre de una zona, región o, excepcionalmente, de un país que, por ese origen dan a sus productos unas características concretas, especialmente en lo referido a su calidad. Existen numerosas clasificaciones en este ámbito, pudiendo ser las citadas denominaciones de carácter autonómico, nacional, supranacional o europeo.

Para poder utilizar el distintivo que va a indicar a los consumidores la calidad que éstos buscan en los productos, se van a exigir na serie de requisitos para todo aquél que quiere comercializarlo como que toda la producción, elaboración, etiquetado y demás requisitos formales relativos a su comercialización procedan de la zona que ha sido declarada e identificada con esa Denominación de Origen, zona de la cual proceden las materias que sirven de materia prima al producto así comercializado. El caso más paradigmático de uso de estos distintivos es el empleado para los vinos y, con este objetivo se promulgó la Ley 24/2003 que distinguía las diferentes calidades de los vinos, desde, el vino de mesa a los reconocidos por Denominación de Origen o por Denominación de Origen Cualificada. En la actualidad son los diferentes Reglamentos europeas los que se encargan de la regulación en estos aspectos.

Con respecto a la zona de Galicia se producen estas características que hacen que la uva que aquí se cultiva dé lugar a productos cuya calidad se ve necesario proteger por medio de la figura de la quen venimos hablando. Así, se reconocen cinco tipos de vino según la denominación de orgen que las protege: Monterrei, Rías Baixas, Ribeira Sacra, Ribeiro y Valdeorras. En el día de ayer daba comienzo una ruta por las siete principales ciudades gallegas para promover el consumo de los vinos con estos distintivos para dar información y promover el consumo de los mismos, acompañadas de actuaciones musicales que se desarrollarán durante todo el mes de Septiembre para después trasladarse tanto a Madrid como a París.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Prescripción de las acciones en Marcas y Patentes

Como se establece debidamente en la Ley la violación de una marca va a conllevar, para aquél que lleve a cabo el uso no autorizado de la misma, la imposición de una serie de multas de carácter pecuniario con el objetivo de que esa acción a través de la cual se pretende el aprovechamiento indebido de la reputación ajena del que ha llevado a cabo de forma regular su registro, cese y no vuelva a repetirse.
La ley que recoge estas medidas, la Ley 17/2001 de Marcas, recoge este tipo de medidas en su artículo 41, en el que, de forma enunciativa, nos da algunas medidas que el titular de una marca puede llevar a cabo frente al tercero que viola sus derechos. Si bien es cierto que no sólo se contemplan acciones que tienen carácter pecuniario, a pesar de lo que se acaba de decir, también hay que tener en cuenta que son este tipo de acciones las que se van a regular de una forma más minuciosa y detallada en la Ley, por tratarse de las vías más objetivas de cálculo en función del daño que se ha hecho a la marca registrada y a su titular, así como la forma más visible de castigo de conductas ilícitas que llevará a evitar que terceros las lleven a cabo en el futuro.

De este modo, el artículo 41.1 b) de la Ley nos habla de la indemnización de daños y perjuicios que se podrá aplicar al tercero que viole la marca, la cual, a su vez, viene especificada en los artículos 42 y 43 en los que se habla de presupuestos a los que se va a aplicar dicha medida y a cómo se deberá realizar el cálculo de la misma respectivamente. Del mismo modo, para el caso de que el infractor haya sido condenado bien a cesar en su conducta infractora, bien a evitar que la infracción continúe (entre otras medidas recogidas en el artículo 41), el artículo 44 contempla la aplicación de multas de carácter coercitivo a través de las cuales lo que se pretende es que el infractor pague una cantidad por cada día que continúe llevando a cabo la acción por la cual ha sido condenado.

La ley contempla, además, el supuesto de que el titular de la marca registrada sea conocedor de que la marca estaba siendo utilizada por un tercero infringiendo los derechos que se le han concedido legalmente. En este supuesto se entiende que si el titular conocía que la marca estaba siendo utilizada sin autorización y no ha hecho nada por evitarlo, las acciones que contempla la Ley sólo podrán ser ejercitadas (si ésto no se hiciera, precriben) dentro de los cinco años siguientes al momento del conocimiento o, como dice la ley, “ el día en que pudieron ejercitarse”. Se evita, de este modo, que el titular de un derecho de marca que conocía ya el uso ilegítimo de la misma ejerza las acciones cuando sean de mayor beneficio para él, pues de esta forma se desvirtuaría el sistema de marcas por medio del cual se da un derecho exclusivo de explotación de un signo a una persona concreta que no podrá hacerlo valer en cualquier momento si no sólo dentro del plazo legalmente establecido. Del mismo modo, la letra b) de este artículo 45 puntualiza que la indemnización de daños y perjuicios correspondiente sólo de retrotraerá a los cinco años previos a su interposición.

Esta misma medida, la prescripción de las acciones por la tolerancia del titular del derecho se contempla de la misma forma exactamente para el caso de que el derecho violado sea una patente lo cual aparece reflejado en los artículos 70 a 78 de la Ley 24/2015 de Patentes.